Opinión



Tiempo extra antes de la muerte.
Ana Martínez-Collado
Louise Bourgeois. Galería Soledad Lorenzo



Imaginar la muerte es algo complejo y difícil, y diferente según las creencias religiosas o personales. Casi siempre temida, dejémosla en un corte suspendido. Pero hay algo más estimulante: pensar en la posibilidad de un tiempo extra. El tiempo antes de la muerte se ha pensado como un extraño y rápido transcurrir de imágenes significativas. El privilegio sería, sin embargo, que esas imágenes conjuraran el miedo, explicaran quienes éramos, e iluminaran desde una serenidad colmada nuestra existencia.
La intensa actividad y creatividad de una artista como Louise Bourgeois desde hace quince años, en los que ha creado sus obras de mayor monumentalidad, supone creo una fuente de inspiración profunda para entender este tiempo extra. Cuando nos aproximamos a su obra no debemos olvidar que el tiempo vital actual de Louise Bourgeois es el de una madurez avanzada. Y que por tanto, su percepción del mundo y de sí misma, aunque marcada por un fuerte y sorprendente vitalismo, inevitablemente conlleva la certeza de la muerte, la presencia de la inmediatez de ese corte suspendido.
No hay cuerpo que pueda alejarse de su tiempo vital, de sus trastornos, desde su primera dificultad para respirar, pasando por su alteración adolescente, hasta la llegada paulatina de las dificultades consiguientes que padece el cuerpo con el paso del tiempo. Signos. Esta corporalidad de la existencia es especialmente llamativa en el cuerpo de la mujer -menstruación, parto, maternidad, menopausia. Y la obra de Louise Bourgeois también nos habla desde esa dimensión del cuerpo-mujer.
La exposición que se presenta en la Galería Soledad Lorenzo resulta espléndida y sobrecogedora. Y me atrevería a decir que también exuberante en su capacidad para situarnos en ese espacio diferido del tiempo extra. Tiempo incluso como archiescritura -utilizando una expresión derridiana- diferida. Esa experiencia del tiempo se expresa a partir de una serie de cabezas. Cabezas representadas en material blando -de distintos tipos de tejidos- sobre pedestales de acero, y encerradas en urnas. Formas que inevitablemente  nos hablan de nuestros cuerpos o identidades como algo construido o reconstruido con el paso del tiempo. Metáforas del hilar la vida y el paso del tiempo.
Una cabeza negra fabricada con tela gruesa de suéter, de aspecto rugoso, nos presenta a la muerte, y desde las oquedades de la boca y los ojos parece querer decirnos muchas cosas. Otra cabeza, Regresión (2001), hecha de trozos claros remendados, parece aludir a un pasado desde el cual se ha ido existiendo con los inevitables «arreglos» o «recosidos» que la hacen posible. Los ojos cerrados y la boca sobredimensionada resaltan la fuerza del grito de dolor que parece surgir de lo más profundo de la figura y del tiempo.
Otra cabeza, roja, encerrada en una reja metálica -la pieza titulada Cell X (Portrait) (2000), nos saca la lengua burlándose en este escenario que se va construyendo de todo el dramatismo de la experiencia de vida y de la experiencia de muerte. Distanciamiento irónico desde ese tiempo extra.
Es también desde esa distancia desde la que se aborda el tema de la maternidad -imponente, heroica, y de gran fortaleza. No se sabe si es la experiencia de ella, o el recuerdo de la madre, de su esfuerzo y su amor frente a ese padre que tanto daño les causó. Todos los objetos de antaño han ido siendo transformados en esculturas -los ovillos, las agujas, los tejidos, las ventosas. Y posiblemente los sentimientos de ambas experiencias  -la de ella y la de su madre- son fundidos en la misma representación.
De esta forma en esta exposición podemos disfrutar de la placidez del niño azul sobre el cuerpo de su madre remendado y sin cabeza en la pieza Mother and Child (2001). Plenitud de una experiencia, lugar ideal del niño y del cuerpo de la madre, cuya calma pocas veces más experimentará.
Y también podemos contemplar el heroísmo maternal en otra pieza, Mother and Child (2001) en la que una figura de mujer apoyada en una muleta junto a un nino/niña situado del lado de la pierna sana, encerrados además en una urna de cristal.
Hay una pieza -Arched Figura (1999)- que convulsiona el tiempo de la experiencia. Una figura arqueada de telas color rosa, suspendida en el interior de una vitrina, cuyo rostro de profunda boca se refleja en un espejo. Recuperación de la experiencia del Arch of Hysteria (1992/1993), en la que un tiempo ficticio de máximo placer y también máximo dolor es percibido como un tiempo de la memoria.
A continuación, la pieza de mayor envergadura, The confessional (2001), una celda construida en material pulido de acero, con dos habitaciones que dejan ver en un lado una silla y en el otro un reclinatorio con un cojín bordado. Una luz roja nos indica que está ocupado. Expropiación del espacio del confesionario cristiano y del tiempo que nos ofrece ¿Qué sucede en el confesionario? ¿No es acaso un lugar ideal para experimentar este tiempo extra del que estamos hablando? Tiempo que se nos ofrece para la reconciliación de nuestro pasado -reunido magistralmente por Louise Bourgeois a través de pequeños detalles- y para la conjuración del miedo. Recordemos que para Louise Bourgeois, las celdas representan diversos tipos de dolores: tanto físico, como emotivo, como psicológico. (...) Cada celda -además- tiene que ver con el miedo, y el miedo con el dolor, aunque a menudo no viene sentida como dolor porque trata siempre de ocultarse...
Finalmente, no podemos dejar de mencionar sus dibujos. En ellos el cuerpo-mujer de la experiencia es uno de los temas principales -maternidades, rostros de mujeres, sangre y pérdida, recuerdos de la infancia. Y tampoco una última pieza en la que unos formas redondeadas de tela roja que aluden a formas femeninas cuelgan de unas varillas encerradas también en una urna. Tal vez recuerdos de ese cuerpo vivido cuyos restos aún sienten el dolor.
Este tiempo extra que nos ofrece Louise Bourgeois a través de estas piezas, creo que nos ilumina  en dos rasgos importantes  respecto a su obra. Uno nos hablaría de que su trabajo creativo se configura muy próximo al marco teórico propuesto por Freud respecto a la construcción de la identidad. No importa que ella rechazara a Freud, pero su dolor vital se inscribe y sobre todo quiere conjurar esa construcción del sujeto sexuado interpretada por Freud  como un círculo cerrado y opresivo, del que no hay salida. Exclusivamente en la exorcización del trauma. El otro aspecto insiste en la importancia de este cuerpo-mujer. Tampoco importa que ella reniegue del feminismo como teoría y práctica sentida por ella como una opresión. La experiencia de la que nos habla tiene un fundamento inseparable de las vicisitudes de ese cuerpo-mujer, y de ese cuerpo-mujer que vivió su intensa vida personal. 
Aislados del exterior, en un tiempo en cierta forma sacro y oscurecido, en un tiempo al margen,  Louise Bourgeois nos ofrece la posibilidad de compartir su tiempo extra, su tiempo de conjura y reconciliación. Un tiempo que tal vez a nosotros no nos pertenece.

Todos los derechos reservados © artszin y los autores, 2000, 2001, 2002

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Y hoy añado que tal y como se dijo, he recibido la edición del libro "¿Soñaran los androides con cámaras fotográficas?

Que recoge el total de ponencias presentadas en los Encuentros PHE 2008.





Encuentros PhotoEspaña 2008

Era una intuición.
Conocía a Joan Fontcuberta por su obra fotográfica, y algunos artículos, de entre sus numerosos escritos y libros.

Confirmo.
Satisfecha de los encuentros dirigidos por él.

Digo que ha sido interesante, porque salí con la gratificación de comprender, compartir, crecer y ver, junto a otros, gran interés en el futuro de la fotografía.
El concepto de representación, comprende la formidable ampliación de afianzar la idea de que la realidad es manipulada en el momento en que se capta.
Valiente Radu Stern. Comparto que la fotografía está más viva que nunca.
Me gustó especialmente el paseo histórico que brindó Clément Chéroux. Quedó claro que siempre ha habido retos, y siempre los habrá.
Aunque no comparto que cualquier novedad técnica responda a una utopía.
Las novedades técnicas sirven más a los intereses económicos, aprovechables en beneficio de nuestro criterio. Pero cuesta definirse entre tanto humo.

Me gustó especialmente coincidir en la importancia de la visualidad, y la gran autopista en la que está la fotografía del s. XXI.
Interesante visión de Blade Runner por Naief Yehya.
Sorprendente Joachim Schmid con su fotografía basura.
Muy firme la posición de Greoffrey Batchen, defendiendo la calidad de la impresión digital, retando al ojo humano a diferenciarla.
Nos rondó la mirada atrás. Sí, la artesanía es bella, mucho. Lo contemporáneo también. Hay que mirar al futuro. El pasado no se va a repetir, por más que intentemos revivirlo.
Me encantó la obra que Daniel Canogar nos presentó.
Menos, su interés por matar a la fotografía como consecuencia de la muerte del papel. No comparto “ que la posibilidad de democratizarse de la fotografía, se ha perdido con la digitalización...”. Ya que el único cambio se ha producido en el soporte.

Acuerdo con que la fotografía no tiene únicamente el valor de memoria. Cuando uno enfatiza el punto de su mirada, se ocultan los alrededores. La memoria es por tanto selectiva y subjetiva.
Ya no es únicamente el jodido instante decisivo y azaroso. Hay que sumarle el buscado.
La calidad, no es resultado de técnicas o soportes, sino de la sensación, que seamos capaces de percibir, sujetar y transmitir.
Antonio Ansón, dixit.
Que la fotografía pierde frente al texto.
Y que una imagen no vale más que mil palabras.
Conclusión:
Encuentros de ambiente excepcional impecables en organización y puntualidad. Fruto, sin duda de su dirección, invitados y voluntarios.
Que los haya visto así, no significa que así hayan sido. Cada cual valora y resalta lo que más le interesa y atrae. No pude evitar tirarme a la piscina, y me lié, claro.
De ahí mi sorpresivo y frustrante azoramiento para expresarme correctamente en público sin sufrir la timidez. A la tercera intervención lo conseguí, sin ser brillante.
Muchos textos, libros y autores anotados.
Los iré compartiendo, cuando vaya localizando si les veo interés.
Destaco la obra del colectivo de artístas AES+F de Rusia. Potentes, algunas de las imágenes mostradas.
A impulsar, la difusión de proyectos como Talent latent, incluido en el programa expositivo de SCAN
Ya los conocía online, y en octubre se editan en libro: Diálogos. La ubicuidad de la imagen